La vida se me puso por delante

Siete años después, 40tacos vuelve. No porque la vida se haya calmado, sino porque ahora quiero parar un poco, ordenar lo vivido y escribir sobre todo eso que pasa después.

En 2019 empecé 40tacos.

La idea era sencilla: escribir sobre esa etapa extraña en la que uno ya no es precisamente joven, pero tampoco se siente tan mayor como probablemente empieza a parecerles a los demás.

Han pasado siete años.

Lo cual plantea un pequeño problema con el nombre del blog.

Porque los cuarenta ya me quedan bastante más lejos de lo que me gustaría reconocer.

Podría haber cambiado el nombre. Cincuentatacos, por ejemplo.

Pero no.

Hay decisiones que conviene no tomar.

La cuestión es que 40tacos nació, publiqué unas pocas cosas y después desapareció. No hubo una decisión solemne de abandonar el blog. No cerré una puerta, apagué la luz y dije: «Hasta aquí hemos llegado».

Fue mucho menos cinematográfico.

Simplemente, la vida se me puso por delante.

Trabajo, responsabilidades, familia, niños, problemas cotidianos, decisiones, cosas que parecen urgentes y otras que realmente lo son. Y seguramente también una buena dosis de mala organización por mi parte.

Dejé de escribir.

No porque no tuviera cosas que contar.

Probablemente ocurrió justo lo contrario.

Durante estos años han pasado tantas cosas que, visto ahora, quizá tendría que haber escrito más que nunca.

Mis hijos han crecido. Y yo con ellos, aunque esto último no estoy seguro de que siempre haya sido en la misma proporción.

La paternidad ha cambiado muchas cosas. Sobre todo las prioridades.

Hay un momento en el que entiendes que tus hijos ocupan un lugar que no admite demasiada discusión. Después están tus padres, cada vez más mayores. Tu pareja. Tu familia. La empresa. Las obligaciones.

Y tú vas encontrando tu sitio en medio de todo eso.

A veces bastante bien.

Otras, regular.

También han sido años profesionalmente intensos, exigentes y llenos de situaciones que me han obligado a ponerme a prueba.

Y cuando la vida aprieta un poco es cuando empiezas a descubrir cosas sobre ti mismo que probablemente no aparecen cuando todo va según el plan.

Algunas te gustan.

Otras bastante menos.

Pero cada vez me conozco más a mí mismo.

Sé mejor qué me importa. Qué cosas me preocupan de verdad y cuáles me preocupaban porque creía que tenían que preocuparme. Qué personas quiero cerca. Qué discusiones ya no me apetece tener. Qué errores sigo cometiendo y cuáles, sorprendentemente, parece que por fin he aprendido a no repetir.

Bueno.

Algunos.

Tampoco nos vengamos arriba.

Y, en medio de todo eso, ha ocurrido algo que en 2019 me habría costado bastante imaginar.

Estoy escribiendo este artículo con una inteligencia artificial.

No me lo está escribiendo ella mientras yo miro.

Estamos hablando.

Yo le cuento lo que quiero decir, discutimos frases, cambio cosas, borro otras, le digo que algo no suena a mí y volvemos a empezar.

Y quizá precisamente eso haya tenido bastante que ver con que 40tacos vuelva.

Porque he descubierto una herramienta que me ayuda a ordenar todo ese ruido que llevo dentro de la cabeza.

Y tengo bastante.

Ruido, quiero decir.

Durante años pensé muchas veces en volver al blog. Pero siempre aparecía alguna razón para dejarlo para otro día.

Ahora no quiero planteármelo como una obligación.

Ni como un proyecto que tenga que convertirse en algo.

Ni como una estrategia.

Quiero que este blog sea mi terapia.

Un lugar donde parar un rato, ordenar ideas y escribir sobre lo que me dé la gana.

Vida.

Trabajo.

Relaciones.

Ocio.

Cosas importantes y auténticas gilipolleces.

Lo que toque.

Voy a hablar de lo que me salga de los cojones.

Y creo que esa es probablemente la mejor definición de lo que quiero que sea 40tacos a partir de ahora.

No sé cuánto escribiré.

No sé si dentro de seis meses habrá veinte artículos o cuatro.

Ni siquiera sé quién va a leerlos.

Pero esta vez eso me importa bastante menos.

Si pudiera hablar con el Mario que escribió aquellos primeros artículos en 2019, seguramente tendría muchas cosas que contarle.

Podría advertirle de algunas.

Prepararle para otras.

Decirle que aproveche determinados momentos o que no pierda demasiado tiempo preocupándose por cosas que terminarán siendo bastante menos importantes de lo que parecen.

Pero creo que no lo haría.

No le mandaría un correo.

Ni un WhatsApp.

Ni siquiera un audio de esos que duran siete minutos y que nadie quiere recibir.

Volvería a vivir estos siete años.

Con lo bueno.

Con lo malo.

Con los aciertos.

Con las meteduras de pata.

Porque todo eso me ha traído hasta aquí.

La vida sigue poniéndose por delante.

La diferencia es que ahora quiero escribir sobre ella.

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